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Sobre la Igualdad política en la Historia Argentina

Sobre la Igualdad política en la Historia Argentina

“[…] Todos los animales somos iguales pero algunos son más iguales que otros” Orwell, George. Rebelión en la Granja, 1945

Esta sentencia marca la disparidad de dominio entre los animales de una granja en una obra literaria de George Orwell. De una manera muy ingeniosa el autor muestra el poder del discurso y la manera en que la ideología puede servir para empañar el entendimiento de las masas. La “igualdad” se esboza como una construcción ideal que se derrumba ante las prácticas de quienes detentan el poder, en el caso de esta obra los cerdos.

La literatura muchas veces nos proporciona un plus semántico que nos permite interpretar nuestra historia y nuestro presente. Como ejercicio crítico puede establecerse un interrogante como punto de partida ¿En qué condiciones operó la igualdad política en argentina?

Si realizáramos un corte histórico desde 1880 hasta nuestros días encontraríamos los siguientes datos: entre 1880 y 1916 se desarrollaron gobiernos electos a través de elecciones fraudulentas; desde 1916 hasta 1930 se desarrollaron gobiernos radicales electos a través de la Ley Saenz Peña (que excluía a las mujeres, extranjeros y habitantes de territorios nacionales); hacia 1930 se desarrolló el golpe de Estado que depuso a Yrigoyen y, desde este punto hasta 1943, se dio la denominada década infame (nuevamente un período signado por el fraude electoral); hacia 1943 un nuevo golpe reinició los términos políticos y dio cabida al surgimiento de Perón como figura carismática. Este líder fue electo presidente en 1946 y su gestión duró hasta 1955, truncada por un nuevo golpe de Estado.

Este último régimen nos enfrenta a profundas problemáticas: propició medidas muy democráticas (El 22 noviembre de 1949 sancionaría por decreto Nº29.337 la supresión de aranceles universitarios, desarrollando la gratuidad de la universidad). Al mismo tiempo, gestó medidas antidemocráticas: se planteaban censuras en la opinión pública y un intento de imponer progresivamente a Perón y Eva como los redentores de la patria en manuales escolares, imprimiendo un marcado sesgo autoritario en la educación y la sociedad en general.

Por último, desde 1955 hasta 1983 Argentina se vería inmersa en diversos gobiernos atravesados por la proscripción del peronismo, regímenes militares y el desarrollo de movimientos guerrilleros hacia finales de 1960. Vislumbrando este panorama, desde 1880 hasta 1983 puede decirse que la democracia se encontró sesgada; nunca pudo desplegarse completamente. La igualdad fue una idea quimérica ahogada en fraudes, participación restringida, golpes de Estado, torturas, desapariciones y proscripciones.

 Recién desde 1983, con sus respectivos errores, la democracia se desenvolvió de manera completa. Puesto en perspectiva, este horizonte nos lleva a entender la fragilidad del sistema en que vivimos.

La igualdad es un horizonte inasible, un camino al cual como humanidad nos dirigimos en tanto ideal. En este sentido, los argentinos hemos avanzado por una senda sinuosa, con obstáculos y durante mucho tiempo, podría decirse, que nuestros ancestros la transitaron con una venda en sus ojos ¿Cuántos golpes y cuánta sangre fueron necesarios para que se destapará una parte de nuestra ceguera? ¿Podrá existir un retroceso que nos devuelva a la oscuridad?

Hoy contamos de manera naturalizada con un sistema educativo público y gratuito, con acceso irrestricto, universidades con un funcionamiento autónomo, cogobernado e inclusivo. Por otra parte, a pesar de todos sus errores y contradicciones (hay cuentas pendientes a nivel económico y social: pobreza estructural, corrupción, falta de trabajo, entre otros), contamos con una democracia en la cual podemos acceder al voto y expresar libremente nuestros pensamientos. Estos logros fueron el fruto de luchas y derramamientos de sangre. Más allá de que hemos heredado estas ventajas siempre existe el riesgo de perderlas.

A veces puede escucharse a lo lejos ecos discursivos que afirman: “Antes esto no pasaba” pero nace una desconsoladora serie de cuestiones ¿Qué era lo que sí pasaba en el pasado? ¿Fue nuestro pasado mejor realmente o estamos erguidos sobre las ruinas y los cadáveres de un pasado que pocos se atreven a buscar? ¿Antes se podía criticar libremente? En la historia debemos indagar las respuestas.

Será necesario vislumbrar la cara del vacío, aunque éste nos devuelva la mirada.

Por: Cristian Girano

Girando en la historia

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