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El guardián, la puerta y el hombre

Puerta de acceso

[…] -Todos se esfuerzan por llegar a la ley –dice el hombre; ¿Cómo se explica, pues, que durante años sólo yo intentara entrar?

El guardián comprende que el hombre va a morir y, para asegurarse de que oye sus palabras le dice con vos atronadora:

-Nadie podía intentarlo, porque esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla.

(Kafka, Franz. “Ante la ley”)

El fragmento de la obra de Kafka trata sobre un hombre que busca encontrar La Ley. En la puerta de acceso se encuentra un guardián que le impide el paso con una advertencia (cabe decir que en realidad es una amenaza, la idea de que el acceso puede costar mucho a quien se atreva a cruzarlo). Como puede apreciarse, tras años de esperar vanamente que el guardián se apiade, el hombre pregunta con una incertidumbre que se vuelve existencial, que atañe a todos los seres humanos y a él mismo. En última instancia termina indagando por qué las cosas están dadas de una manera determinada, por qué son así y no de otra forma, en una simple pregunta inquiere sobre su realidad.

El guardián, una figura que trasluce una fuerza intemporal, un engranaje del sistema (o el sistema mismo) le responde una aterradora verdad: en otras palabras, que la ley es desigual; se deja entender que cada ser tiene destinada una “puerta” de acceso particular a la “ley”. Si aquella puerta estaba destinada estrictamente a un hombre específico no se anula la posibilidad de múltiples puertas preparadas para otros individuos. Tampoco se anula que los requerimientos de acceso sean distintos. Una situación que al lector lo deja con interrogantes :

¿En esa realidad pintada por Kafka, el guardián o guardianes serían tan estrictos con el acceso de otro individuo?, ¿Podrían existir privilegios?, ¿Para algunos la ley está vedada o es inalcanzable y para otros es posible?.

El guardián y los hombres

De aquí puede tenderse un puente hacia la realidad social en la que vivimos, donde encontramos que la “puerta de acceso” a diversas circunstancias de la vida es injusta, contiene una accesibilidad distinta, no igualitaria, entre los ciudadanos de diversa extracción étnica, económica, social, física y sexual.

Esta característica de la existencia humana puede profundizarse. En el marco de la educación pública, por ejemplo, los edificios derruidos en escuelas, los alumnos que no tienen útiles (y pasan hambre en sus casas), la falta de insumos e inversión, entre otros aspectos representan una situación difícil para el estudiante. Éste para lograr un aprendizaje deberá sortear un “guardián” muy atemorizante y estricto (como en el fragmento citado). Siguiendo el hilo de la metáfora kafkiana, en muchos casos los aspirantes no lograrán dirigirse hacia “el aprendizaje”. Otros llegarán a ver unos conocimientos vagos o dispersos. Muy pocos alcanzarán una entrada exitosa. Es como si cada uno tuviese una “puerta de acceso asignada”, la cual está influida por el nivel de ingresos, el sexo, la región de procedencia, el aspecto físico, entre otros. 

En el caso de la salud pública existe un procedimiento parecido. Las diferentes “puertas” son palpables. Primero puede apreciarse una diferenciación entre quienes tienen obra social y aquellos que no (el acceso a la atención varía según quién sea el atendido). Los niveles de eficiencia, seguridad y cuidado se ven reflejadas en la saturación del sistema, con infraestructuras inseguras, falta de equipos, personal que no alcanza a suplir las demandas del público.

La misma textura la reconocemos en el ámbito laboral. Las “vías” para alcanzar un trabajo se verán alteradas por el recorrido de la persona. Y de vuelta se vislumbra un cuello de botella o filtración. Las variables que se manifiestan para la aceptación de un empleador vuelven a distinguir entre distintas personas, encontrando en este punto un análisis del recorrido de quien va a ser contratado:

¿Qué tipo de educación tuvo?, ¿Qué tipo de salud pudo costear?, ¿Cuál es la procedencia?, ¿Cómo es su aspecto?.

El guardián y la igualdad

Las firmas de identificación de un ciudadano ante la sociedad en gran medida no son elegidas por éste, más bien se manifiestan como una imposición. Haciendo un ejercicio hipotético supóngase que: un adolescente no eligió su lugar de nacimiento, posiblemente tampoco su lugar de estudio, el hecho de pasar hambre, no optó por ir a una escuela pública con una infraestructura y posibilidades pobres, ni ser atendido en un hospital abarrotado de pacientes… seguramente no seleccionó perder piezas dentarias por no tener obra social, ni engordar por consumir productos económicos sin una gran riqueza nutricional (como los derivados de la harina)… de adulto probablemente sea rechazado en varios puestos de trabajo, por su aspecto, su procedencia, su falta de aprendizaje… probablemente tampoco elija dónde trabajará y sus hijos transiten un camino con falencias e injusticias similares a las que sufrió él…

Como puede apreciarse, existe un mundo de acción que no puede ser elegido por el sujeto. Se desarrolla una atadura difícil de desanudar, aunque no imposible…

Una imposición oculta se deja ver ante los espectadores que tienen el valor de ver a la cara al vacío: “la igualdad es una ilusión que se impone al sujeto para domesticarlo”… la triste elucidación permite plantar cara al “guardián” que no nos permite llegar a la ley, la educación, la salud, el trabajo…

Por: Cristian Girano

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